viernes, 21 de octubre de 2011

HAY QUE EQUILIBRAR LA EFICACIA Y LA TOXICIDAD DE LOS FÁRMACOS

Fuente: diariomedico.com
Los artículos que publican los resultados de los ensayos clínicos normalmente reflejan los datos de eficacia, de incidencia y de efectos secundarios, pero "rara vez comentan cómo manejar esos efectos secundarios y creo que esa es una información muy importante en la práctica clínica habitual", ha afirmado Margarita Majem, oncóloga del Hospital de la Santa Cruz y San Pablo, en Barcelona.


En este sentido, los expertos han realizado un análisis de eficacia y toxicidad de los diferentes tratamientos de cáncer dirigidos contra las vías dependientes de los receptores HER en el XIII Congreso Nacional de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), que se está celebrando en Málaga. Así, Majem ha elaborado un análisis de la actividad y del manejo de la toxicidad de los inhibidores de las tirosinacinasas en cáncer de pulmón diseminado.
  • Los inhibidores de la tirosinacinasa de segunda generación han logrado una tasa de respuesta de un 8 ó 9 por ciento, similar a la quimioterapia
Los nuevos fármacos van dirigidos directamente al receptor de factor de crecimiento epidérmico (EGFR, en siglas inglesas), que forma parte de la familia HER1. Son receptores de membrana y estos fármacos inhibidores de tirosinacinasa se unen en el dominio intracelular e inhiben la cascada de señalizaciones que conducen hasta el núcleo este receptor cuyo resultado es la proliferación celular, la inhibición de la apoptosis, la angiogénesis, la invasión y la metástasis.
Majem ha comentado que las mutaciones de EGFR más conocidas en cáncer de pulmón y más frecuentes se localizan en los exones 19 y 21, donde se sustituye una leucina por una valina (mutación L858R). "Estas dos mutaciones, las más frecuentes, generan una activación del dominio tirosinacinasa que condiciona una pérdida de su autoinhibición normal; se denominan mutaciones activadoras del EGFR y en consecuencia les confiere una hipersensibilidad a los tratamientos con los inhibidores de la tirosinacinasa". Las mutaciones en cáncer de pulmón de EGFR son más frecuentes en mujeres (26,4 por ciento) que en hombres (9,3); en asiáticos (30,6 por ciento) que en caucásicos (7,6); en no fumadores (34,8 por ciento) que en fumadores (7,8); y en adenocarcinomas (23,2 por ciento) más que otras histologías (2,2 por ciento).
Primera generación
Entre los tratamientos dirigidos contra el receptor de EGFR, los expertos han enumerado los inhibidores de la tirosinacinasa (EGFR-TKI) de primera generación como erlotinib (Tarceva) y gefitinib (Iressa). "Estos dos fármacos inhiben de forma reversible lo que sería el dominio tirosinacinasa de EGFR, impidiendo su fosforilación y la cascada de señalización que obstruye los sitios de unión con ATP", ha explicado Majem, quien ha añadido que estos tratamientos son orales y se administran de forma diaria.
En este sentido, los inhibidores de la tirosinacinasa de segunda generación en la población general han logrado una tasa de respuesta de "un 8 ó 9 por ciento, similar a la quimioterapia, una supervivencia libre de progresión de alrededor de dos meses y una supervivencia global de unos seis meses".
Los tratamientos de EGFR-TKI en primera línea son de elección en pacientes con mutación de EGFR debido al beneficio en supervivencia libre de progresión y a la tasa de respuestas, además de la mejoría en cuanto a la calidad de vida y menor toxicidad. "Ningún estudio ha demostrado diferencias en la supervivencia global de los pacientes debido al crossover", ha comentado la oncóloga de Barcelona y ha informado de que "la supervivencia global de los pacientes no varía tanto si se reciben estos fármacos en primera como en segunda línea, aunque sí se ha visto que existe un beneficio en la calidad de vida en los pacientes con mutación cuando recibían inhibidores de la tirosinacinasa".
Asimismo, los pacientes sin mutación de EGFR no se benefician de recibir tratamiento con EGFR-TKI en primera línea pero, Majem ha comentado que "es muy importante determinar los inhibidores en primera línea tanto por la calidad de vida como por la toxicidad, por la respuesta y por la supervivencia libre de progresión; porque estos pacientes se tienen que beneficiar del mejor tratamiento de entrada, ya que hay muchos que no pueden recibir una segunda línea por el deterioro del estado general o por contraindicaciones".
Efectos secundarios
Con estos fármacos puede existir toxicidad hepática, aunque no es muy frecuente que haya fallo hepático, pero puede presentarse y ser fatal. "Es muy importante monitorizar la función hepática y si se ve un deterioro de esta función plantearnos suspender las dosis". La toxicidad pulmonar se da en el uno por ciento de los pacientes y también puede ser fatal; los síntomas aparecen entre días y meses después del tratamiento y suelen ser tos o disnea. La toxicidad principal es la digestiva -la diarrea se observa en un 50 por ciento de pacientes- y en función de la gravedad, con tratamiento antidiarréico, "suele ser suficiente con una disminución de dosis aunque a veces es necesario suspender el tratamiento".

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