martes, 11 de marzo de 2014

ADVIERTEN SOBRE LA FALTA DE DESARROLLO DE LOS MEDICAMENTOS PEDIÁTRICOS CONTRA EL SIDA


 Fuente: miradaprofesional.com
Un error común en el imaginario colectivo es pensar que los medicamentos pediátricos son igual que los utilizados para adultos, pero en menor dosis. El desarrollo de un tratamiento para menores implica todo un proceso de investigación, algo que suele ser un costo adicional que muchos laboratorios no quieren asumir. Por eso, muchas enfermedades en menores no tienen un fármaco específico, y se vuelven “olvidadas o desatendidas”. El caso más dramático es el del Sida, que en chicos no tiene demasiado desarrollo en los últimos tiempos. En la Argentina, especialistas se queja de esta situación y advierten de los problemas que genera en la salud de los chicos esta falta de medicación específica para menores.


En la Argentina se estima que hay unos 8 mil menores con el virus del Sida. Para ellos, los antirretrovirales y el resto de las medicaciones en su mayoría no cuentan con adaptación pediátrica, lo que genera varios inconvenientes, algunas menores –como el sabor desagradable – y otras más graves, como la falta de tolerancia y efectos adversos graves. Esta realidad se profundiza con el correr del tiempo, ya que se estima que se detectan anualmente 100 nuevos casos de HIV en menores.

“Los niños que nacen con VIH en los países desarrollados son tan pocos que la investigación que se realiza en formulaciones pediátricas no interesa”, explica Lorena Di Giano, abogada de la Red Argentina de personas positivas. En una nota publicada por la revista Veintitrés, la especialista explicó que “en la Argentina el problema es relativamente nuevo, porque hasta el año 2000 no se aplicó a la ley de patentes para medicamentos que unos años antes debió rubricarse ante los países desarrollados, en los que residen los laboratorios multinacionales”.

“Al firmar ese acuerdo en el marco de la OMS, quedamos obligados a adoptar esa ley de patentes, que generan monopolios y estos hacen que los precios aumenten a su antojo y deciden las pautas de producción. Como esos colosos tienen la potestad productiva, y no piensan investigar más de lo que hacen, los que pierden son los chicos”, sintetiza Silvia Casas, que desde hace doce años dirige el hogar Casa Manu de Monte Grande, en el que viven 18 niños con VIH.

Desde 1995 está disponible en el mundo la llamada “terapia antirretroviral de alta actividad”, que ha permitido cambiar drásticamente el pronóstico de las personas con VIH, aumentando la supervivencia a valores cercanos a los de las personas no infectadas, y cada vez con menores efectos adversos. En la Argentina, el tratamiento está disponible desde 1996 y tanto este como los estudios de seguimiento son gratuitos. El Hospital de Pediatría Garrahan realiza el seguimiento de unos 400 casos de niños con VIH. Rosa Bologna, jefa de Infectología, analiza: “En los niños se usan los mismos medicamentos que en adultos, y se combinan al menos tres para prevenir la resistencia al virus. Hay jarabes, especialmente para menores de 3 años, y luego se usan comprimidos. Hay que alentar a los padres para que sigan los tratamientos de sus hijos: es una decisión vital”.

Casas sabe bien de qué se trata la injusticia empresarial. “Muchos dicen.que hay medicina pediátrica, cuando en verdad lo que hay es jarabes con un gusto espantoso. Entonces los nenes no quieren saber nada con tomar los remedios y termina fallando la adherencia, porque ellos están hartos de tomar remedios”, explica. Según las cifras que maneja, mientras que la adherencia debería ser del 96 por ciento para que los tratamientos no fallen, en los menores de América latina el promedio es del 60 por ciento.

Según Di Giano: “Comenzás con un cóctel y depende cómo responde cada paciente se cambian los medicamentos. Un paciente puede llegar a gastar en promedio 4 mil dólares al año en una combinación de por lo menos tres remedios, Lamivudina (3TC), Zidovudina (AZT), Kaletra o Abacavir, todos para adultos pero aplicados a niños”.

A pesar de estas dificultades empresarias, muchas organizaciones trabajan para impulsar el desarrollo de formulaciones pediátricas: Unicef y Médicos Sin Fronteras (MSF) representan a las más críticas. Ya en su Conferencia Internacional sobre VIH, MSF hizo un llamado a gobiernos y laboratorios a poner mayor énfasis en mejorar la atención a los niños con sida: “La mayoría de los fármacos disponibles están mal adaptados para su uso en los contextos con recursos limitados, porque suelen presentarse en polvos que necesitan mezclarse con agua potable o jarabes con sabor desagradable que además necesitan refrigeración”, se desprende del documento de cierre.

“Nosotros utilizamos antirretrovirales de alta eficacia. De los nuevos medicamentos no hay disponibilidad pediátrica, y lo que nos responden es que se están haciendo investigaciones”, agrega Bologna. Actualmente, hay más de 20 medicamentos disponibles para el tratamiento eficaz en adultos, lo que permite seleccionar esquemas que se adapten mejor a cada persona en cócteles de no menos de tres combinaciones. Pero esta es una realidad que no alcanza a la infancia, simplemente porque a las droguerías no les interesa invertir en una población tan pequeña en el universo de afectados.

“La mayor parte de las patentes provienen de multinacionales farmacéuticas que pertenecen a países del Norte: Gillette, Novartis, Roche, Glaxo, entre otros. Hasta la firma del acuerdo de patentes, los laboratorios argentinos habían logrado desarrollar bastante, algo que se vio trunco”, señala la abogada Di Giano. Arce sube la apuesta: “El Estado debe aplicar a las normativas internacionales, pero primando la Constitución nacional, que resguarda el derecho de sus habitantes a tener las condiciones de salud correctas. Queremos un sistema de desarrollo, con inversión pública, que se encargue de las particularidades, como es el caso de los pediátricos”.

“Seguimos en la misma, adaptando mucha de la medicación. No hay recetas nuevas, y los que se tienen que adaptar somos nosotros, no los laboratorios, aunque cuando uno va al doctor le explican que el romper una pastilla representa que esta pierda muchas de sus propiedades, además de intensificar el mal gusto que tiene. No es una queja sin sentido: una enfermedad es perturbadora para un niño, tener que tomar grageas y jarabes con sabor horrible es casi traumático”, dice Casas.

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