sábado, 23 de enero de 2016

¿QUÉ CAMBIARÁ EN LOS ENSAYOS CLÍNICOS TRAS EL DESASTRE DE BIAL?

Fuente: revista médica
Sergio López / Eduardo Ortega


La muerte de un voluntario que participaba en el ensayo de un fármaco del laboratorio portugués Bial ha convulsionado Francia y a toda la industria europea del medicamento, tras casi una década sin accidentes de este tipo en el continente. Ni investigadores ni laboratorios consideran que el modelo de experimentación clínica en Europa pueda estar en cuestión, aunque reclaman una investigación que esclarezca una situación llena de tinieblas.


Antonio Portela, consejero delegado de Bial
El ensayo clínico letal se puso en marcha el pasado mes de junio, aunque las primeras pruebas con la molécula que se testaba habían comenzado en 2009. El compuesto, conocido como BIA 10 2474, había superado las pruebas ‘in vitro’ y también ‘in vivo’ con animales y se consideraba seguro para iniciar un test en ‘fase I’ con humanos. Ninguno de los experimentos preclínicos llevaba a pensar que algo pudiera salir mal, como finalmente ocurrió.

Se enrolaron 114 personas de entre 29 y 42 años, todos varones. Entre julio del pasado año y enero, 84 de ellas tomaron dosis individuales del medicamento sin que nadie experimentara efectos secundarios “graves” o “moderados”, según Bial. Sin embargo, la última prueba resultó letal. El 7 de enero, seis personas tomaron una dosis reforzada del BIA 10 2474 y dos, un placebo.

Horas después, entre el domingo 10 y el lunes 11, esas seis personas acudían al Centro Hospitalario Universitario (CHU) de Rennes, donde fueron ingresadas aquejadas de fuertes dolores de cabeza. En ese momento, Biotrial y Bial suspenden el ensayo y ponen en vigilancia al resto de participantes.

La ministra de Sanidad francesa,
Marisol Touraine
Sin embargo, no informaron de los hechos a las autoridades francesas hasta tres días más tarde, el jueves 14 de febrero. Se hizo “dentro de los plazos legales” que rigen en Francia, recuerda el laboratorio luso, lo que no impide que el Gobierno galo haya reprochado con dureza su forma de proceder.

Lo sucedido no saltó a los medios de comunicación hasta el pasado viernes 15. El balance: seis personas ingresadas en Rennes, de las cuales una se encontraba en muerte cerebral. La propia ministra francesa de Sanidad, Marisol Touraine, desplazada a la capital de la Bretaña para seguir de cerca un caso del que había tenido conocimiento solo unas pocas horas antes, dijo: “Habría agradecido una alerta más temprana. Ante un evento tan grave, se espera que el laboratorio dé más rápidamente explicaciones a las autoridades sanitarias”. Dos días después, el domingo 17, el paciente en estado más grave fallece. El resto presentan una evolución favorable, pero cuatro de ellos adolecen de un daño neurológico que podría resultar “irreversible”. El CHU de Rennes continúa haciendo pruebas al resto de voluntarios que se expusieron al principio activo del ensayo clínico.
La enfermedad marca la interrupción (o no) del ensayo A pesar de que el hallazgo de un efecto adverso de cierta gravedad suele ser causa para interrumpir un ensayo clínico, esta máxima no es absoluta. “Depende de la enfermedad y la patología. No es lo mismo una enfermedad que produce mortalidad en el corto plazo y en la que se asumen riesgos mayores que otra que solo tiene un efecto sintomático y para la que hay 25 alternativas.”, afirma Emilio Vargas, del Hospital Clínico de Madrid. Añade que “no se tiene en cuenta solo el riesgo, sino también el potencial beneficio. La decisión de parar es mucho más rápida con un fármaco para síntomas leves que con uno que reduce mortalidad y para el que no habría alternativas”.
¿La legislación europea, en el alambre?
¿Podría suceder algo así en más países del viejo continente? Pese a la gravedad del suceso, los expertos consultados por Revista Médica no creen que el modelo de experimentación con fármacos en Europa esté en cuestión y se suman a la opinión de la ministra de Sanidad francesa, quien ha asegurado que no había motivos “para interrumpir el conjunto de ensayos clínicos”.

Para encontrar otro caso de una gravedad que se acerque a lo sucedido en tierras galas, es necesario remontarse hasta 2007. Entonces, cuatro personas sufrieron lesiones cutáneas y amputación parcial de sus dedos tras probar un fármaco experimental en Reino Unido. Más allá de las cuestiones técnicas, hay interrogantes e incertidumbres que tienen que ver con la gran cantidad de gente que participaba en el ensayo y si estaban bien informados sobre los riesgos que asumían.

En el caso del ensayo de Bial, participaron 114 personas, toda una cohorte de voluntarios, cada uno de los cuales habría recibido 1.900 euros, según publica Nature.“Es normal que los participantes sanos

Tomás Castillo preside la Plataforma de Organizaciones de Pacientes
reciban una compensación económica”, explica Tomás Castillo, presidente de la Plataforma de Pacientes. “Pero más allá del dinero, tenemos una deuda de gratitud con ellos. Son personas que hacen posibles los avances científicos y, del otro lado, hay otras muchas que esperan los tratamientos”.

Eso no significa, según añade Castillo, que si el laboratorio ha cometido alguna negligencia en el proceso esté exento de responsabilidad penal. En este caso, el ensayo se desarrolló en el centro Biotrial, una empresa privada especializada en pruebas clínicas y más de 20 años de experiencia en Rennes. “No es normal que algo así pase en un país desarrollado, pero el riesgo cero no existe”, explica.

Con todo, el presidente de la Plataforma también asegura que los protocolos al respecto en España están fuera de toda duda. Asimismo, en los últimos tiempos han cambiado para adaptarse a las últimas directivas europeas en materia de investigación sanitaria y, entre otros criterios, establecen la colaboración entre la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps) y el Comité de Ética de la Investigación con medicamentos (CEIM), que incluye a los propios pacientes.

Sin embargo, Begoña Barragán, presidenta del Grupo Español de Pacientes con Cáncer (Gepac), uno de los principales colectivos que prueban medicamentos experimentales, opina que estos “avances” son todavía insuficientes. Según su punto de vista, involucrar a los pacientes “de manera vinculante” a lo largo de las pruebas “es la única manera de asegurar que la investigación clínica se centra en el paciente, en su seguridad y en sus derechos, y que su objetivo no sea nunca otro que el desarrollo de opciones terapéuticas”.
Una nueva legislación para mejorar transparencia y plazos Si normalmente la legislación farmacéutica en España está en permanente ebullición, la reglamentación de ensayos clínicos en Europa no se queda atrás. Precisamente, en 2014 se dio el visto bueno a nuevas reglas para este ámbito de la investigación médica, que el Gobierno español ha traspuesto en un real decreto aprobado a finales del año 2015.

Se trata de un nuevo contexto reglamentario que busca, ante todo, reducir los plazos para la organización de los ensayos y sus procesos, y también mejorar la transparencia a través de la creación de un portal en el que se publicarán todos los datos relacionados con estas investigaciones. En el caso español, el real decreto correspondiente simplifica los procesos (recurriendo a un solo comité ético para su aprobación) y permite aumentar la participación de los pacientes en las decisiones que les competen.
Cautela en industria e investigadores
¿Qué visión tienen de lo ocurrido en Francia los investigadores y los laboratorios españoles? Por lo pronto guardan una prudente cautela y se mantienen a la espera de que se diluciden, vía investigación pública, las causas de los hechos. Eso sí: aseguran que la demora que Bial se tomó para informar de los efectos adversos graves no hubiera sido posible en España.

De hecho, aunque lo califica de “accidente”, Emili Esteve, director técnico de Farmaindustria, reconoce lo inédito de los hechos acontecidos en Francia. “Es francamente inexplicable. Llevo 30 años en el sector y no me explico qué ha podido pasar. Hasta que no se haya hecho cierta investigación va a ser muy difícil poder decir si podría haber pasado o no en España”.

Sin embargo, lo cierto es que nuestro país está muy lejos de tal trágica posibilidad, o al menos así lo indica la estadística. Esteve precisa que la patronal del medicamento innovador ha hecho seguimiento de, al menos, al 75 por ciento de los ensayos clínicos que se han hecho en España (los promovidos por los laboratorios adheridos a Farmaindustria) entre 2004 y 2014. Diez años en los que se han recogido datos de 2.365 ensayos con 99.820 participantes realizados en 769 centros distintos, y en ellos no se ha registrado “ningún problema ni de lejos parecido a lo de Francia”.

De hecho, asegura que los laboratorios, en cuanto tienen conocimiento de una reacción adversa, dan correspondiente notificación a las autoridades “a la mayor brevedad posible”. “Evidentemente, nadie retrasa

Emili Esteve, director técnico
de Farmaindustria
esta información porque, aplicando el sentido común, este tipo de dilaciones van a ser negativas para las compañías”, añade.

Coincide en esta cuestión Emilio Vargas, coordinador de la Plataforma de Unidades de Investigación Clínica y Ensayos Clínicos, del Hospital Clínico San Carlos de Madrid: “La normativa española indica que, cuando haya sospechas de reacciones adversas, hay que hacer una notificación expeditiva en un tiempo aproximado que deber ser, como mucho, de 24 horas por parte del laboratorio”.
Aunque también reconoce que “por poder, puede pasar algo similar en España. La regulación y desarrollo reglamentario de los ensayos clínicos está bastante globalizado en Europa, para la que ya hay una directiva continental y un reglamento nacional que la traslada”, y la normativa es similar a la francesa.

Sin embargo, las posibilidades son mínimas, asegura. ¿Por qué? “En España, las administraciones están muy encima de los ensayos. Probablemente seamos uno de los países de la Unión Europea con un mayor nivel de intervención en el control y evaluación de los ensayos, sobre todo en las fases iniciales”. Con todo, tanto Vargas como Esteve coinciden en que “los accidentes pasan” y en que aprender de lo que ha acontecido en Francia es fundamental.

La clave, de cara al futuro, está en que las autoridades francesas esclarezcan lo sucedido (todavía es un misterio), que se apueste por la transparencia en las compañías (de la que está claro que Bial no hizo gala) ante estos hechos, y que todo esto sirva tanto para delimitar responsabilidades como para mejorar la seguridad de los ensayos clínicos en Europa.

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